¿Quién se acuerda de las pensiones mínimas?

pensionesJosé Antonio Pérez – ATTAC Madrid.

Hemos llegado a un punto en que lo mejor que podemos hacer quienes estamos cercanos a ingresar en el colectivo de pensionistas pobres es practicar gimnasia y mantener la forma física. No sólo para evitar deterioros propios de la edad (para ser atendidos habría que pagar a Capio y otras cajas B del Partido Popular). Es preciso conservar el vigor físico por si se presenta la ocasión de vernos, cara a cara y en terreno abierto, con alguno de los dirigentes populares.

Lo peor de este Gobierno, y del entorno político y mediático que lo sustenta, es la desvergüenza con la que trata de negar la realidad de sus nefastas políticas sociales. Lo niega por todos los medios, esto es, a través de sus altavoces mediáticos productores de confusión a través de la mentira. La última de las cuales pretende hacernos creer que ha subido las pensiones mínimas.

Hay cuestiones en las que preferiría haberme equivocado. En concreto, en mi pronóstico de que el Partido Popular, una vez celebradas las elecciones gallegas y catalanas, machacaría a los pensionistas. No me entretengo en glosar los detalles de esta nueva tropelía porque ya lo dije en este artículo y mi predicción ha sido certera. Cosa que tampoco reviste gran mérito, pues cuando uno contempla una piedra lanzada a un lago, predecir que acabará cayendo al agua es ciencia de Perogrullo. Y a estas alturas, la trayectoria del PP ha demostrado su carácter antisocial.

Revalorizar es devolver a algo el valor que había perdido. Y las pensiones, como otras rentas del trabajo, han perdido poder adquisitivo por la subida de los precios y por las políticas de recortes del Gobierno. La revisión del 1% con carácter general y del 2% en las pensiones inferiores a 1.000 euros significa, en la práctica, una pérdida de 436 euros anuales en el valor de la pensión media. Lean en el blog La otra economía, de Alberto Montero, Con los mayores tampoco se juega, un excelente análisis de la pretendida “revalorización”.

Pero hay algo más grave todavía, y de lo que apenas han hablado, o no han dicho siquiera una triste palabra, ni la oposición parlamentaria, ni los sindicatos ni la prensa y radio del movimiento nacional que nos aflige. Se trata de las pensiones mínimas, cuyas cuantías en 2012 pueden verse en este cuadro. ¿Alguien puede creer que un incremento del 2% va a sacar de pobres a los técnicamente pobres perceptores de pensiones mínimas?

Según datos del Ministerio de Trabajo y de la Seguridad Social, el 43,6% de los jubilados cobra una pensión inferior a 641 euros. Siendo la pensión más frecuente, que cobran más de 885 mil jubilados, la que se sitúa entre los 550 y los 600 euros. Con estos datos, no es extraño que el último informe de Eurostat indique que casi el 21% de las personas mayores de 65 años se encontraban, después de haber recibido su pensión, por debajo del umbral de pobreza.

Durante su primer mandato, el Gobierno presidido por J. L. Rodríguez Zapatero, inició una auténtica subida de las pensiones mínimas con las que pretendía aproximarlas al Salario Mínimo Interprofesional. Por desgracia, durante su segundo mandato, esta política de corte socialdemócrata fue arrinconada inexplicablemente. Las pensiones mínimas se estancaron y ahora, la derecha antisocial encarnada por el Partido Popular se ha encargado, literalmente, de machacar a estas personas.

Dar las gracias a los votantes que permitieron al PP alzarse con el poder es una ironía que no arregla las cosas. Hemos llegado a un punto en que lo mejor que podemos hacer quienes estamos cercanos a ingresar en este colectivo de pensionistas pobres es practicar gimnasia y mantener la forma física. No sólo para evitar deterioros propios de la edad por los que, para ser atendidos, tendríamos que pagar a la Caja B del Partido Popular (Capio y otras hierbas de la sanidad privada). Es necesario conservar el vigor físico por si se presenta la ocasión de encontrarnos con alguno de los dirigentes populares, en terreno abierto y sin sus guardaespaldas.

Entonces, hablaremos del Gobierno. Cara a cara y sin complejos.




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