Los neoliberales cabalgan de nuevo

Jose A. Pérez TapiasArgumentos PTapias

Si alguien pensó que el neoliberalismo había quedado enterrado por la crisis estaba equivocado. Simplemente se replegó sobre el escenario para volver a ocuparlo a las primeras de cambio. Es eso lo que ya están haciendo los neoliberales, convocando a sus huestes a cabalgar de nuevo tras las banderas de las excelencias del mercado y los estandartes del capitalismo financiero. Con los especuladores en primera fila, haciendo ostentación de sus armas, arremeten contra los Estados, una vez que las políticas aplicadas por éstos para salvar a bancos e inversores han cumplido su función. Engañado el enemigo, cuando empieza a sobrar como tonto útil, es hora de ponerlo en su sitio, dejando claro quién manda: el capital.

¿Es esto un relato económicamente fantasioso y políticamente demagógico? Si lanzamos esta pregunta al patio de la Unión Europea, y si los que por allí deambulan no se someten al guión neoliberal, dirán que esa es la verdad de los hechos. Los neoliberales cabalgan de nuevo para derrotar a quienes pretenden regular en serio el mercado financiero, o a quienes propongan, como es el caso del presidente Zapatero en sus funciones de presidente de turno de la UE, avanzar hacia un gobierno económico de la Unión, más allá del papel de control del Banco Central Europeo.

Del acoso neoliberal el presidente español podría hablar con conocimiento de causa, cuando los mercados controlados por los poderes financieros ya han señalado las líneas fronterizas que, según ellos, los Estados no deben traspasar. Y para que no haya dudas de la potencialidad de sus amenazas, la cabalgada neoliberal se ha dirigido al galope hacia el euro, organizando contra él un ataque especulativo en toda regla, como bien hizo saber hace días el ministro Blanco a la opinión pública española. Que nadie se piense que por decir calumniosamente que España está en situación parecida a la de Grecia se va a librar de que los embates neoliberales se dirijan contra su propia fortaleza. Obama también podría ilustrarnos al respecto. Por ello, es buena noticia que la UE organice el apoyo a Grecia, lo cual es en definitiva una acción de autodefensa del euro.

Por ahí van los tiros entrecruzados que pasan sobre nuestras cabezas en estas últimas semanas. Por tanto, rearmemos las políticas de la izquierda ante el relanzamiento de unos neoliberales que, desagradecidos -no cabía esperar otra cosa-, arremeten contra ellas. Es lo que está en juego en este momento, trascendiendo las dificultades concretas de la economía española, el déficit de sus cuentas públicas -menor que el de otros países de la UE-, las dificultades interesadamente provocadas de su deuda pública, y nuestro grave problema de paro.

Por ello, para esa confrontación política en torno a qué hacer para salir de la crisis es importante no equivocarse de trinchera. Hemos acertado al plantear un enfoque de reforma laboral que frena a la vanguardia neoliberal en su abordaje tras el abaratamiento del despido. Sin embargo, todo dice que no es elección estratégica adecuada proponer una reforma de las pensiones con muchos puntos débiles, apreciada como innecesaria e injustificada -sobre todo en lo tocante a los 67 años para la jubilación- y que debilita los imprescindibles apoyos de la izquierda para resistir los ataques del neoliberalismo. No hay que olvidar que sus doctrinarios seguidores no van a hacer concesiones por el hecho de ofrecer en bandeja recortes en pensiones; es más, lo tomarán como muestra de debilidad que les envalentonará para nuevas acometidas contra los trabajadores.

Hay una propuesta sobre el escenario que, por otra parte, da en el blanco. La izquierda debe considerarla en serio, máxime cuando no es formulada por un izquierdista redomado. La ha lanzado el Nobel de Economía Joseph Stieglitz, profesor de la Universidad de Columbia que fue economista en jefe del Banco Mundial y es autor de obras tan conocidas como la que lleva el título El malestar en la globalización. Tan ilustre economista cree que Europa debe “quemar a los especuladores”, entre otras cosas para que éstos no nos abrasen, como ya hicieron con otras muchas economías en tiempos pasados, antes de llevarnos a todos al borde del abismo. No es la lucha final -nada de “fin de la historia”-, pero sí nos adentramos en una batalla crucial. Frenemos, pues, a la caballería neoliberal.




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