La deuda pública, ¿es necesario pagarla?
10 Mayo 2010 | Categorías: Mercados Financieros |
Alberto Garzón – Consejo CientÃfico de ATTAC España
Como hemos visto los últimos dÃas, la deuda pública se ha convertido en el principal problema aparente de economÃas como la española o la griega. Tras diferentes procesos especulativos sobre este mercado financiero, la capacidad de los Estados para financiarse en el exterior se ha visto mermada considerablemente, y con un panorama como el actual tanto a España como a Grecia les resultarÃa carÃsimo “pedir prestado” de nuevo a través de la emisión de tÃtulos de deuda pública.
Y como esa financiación ya no es posible, rebajar el déficit sólo puede lograrse con mecanismos nacionales: incrementando los ingresos (normalmente vÃa impuestos) y reduciendo los gastos (desde la congelación salarial de los funcionarios hasta las privatizaciones). Esa es la idea general que subyace a cualquier plan de ajuste (neoliberal) estructural. Ya lo padeció América Latina en los años ochenta, ya lo está sufriendo Grecia en Europa y con una probabilidad altÃsima también lo sufrirá más pronto que tarde España. Sin embargo, hay muchas formas de enfrentar esta situación de crisis que nada tienen que ver con las clásicas polÃticas neoliberales.
El mercado de deuda pública es fundamental para que un Estado pueda desarrollar su actividad económica, como en otras ocasiones hemos visto, pero hoy en dÃa no está operando completamente en el sentido que se espera técnicamente de él. Hoy es también un mercado financiero que se utiliza como escenario para la especulación más brutal, bien en los mercados secundarios bien en mercados paralelos como los de los CDS. En el juego de compra-venta de tÃtulos de deuda pública se dan cita particulares que buscan una forma de inversión financiera cómoda y segura, pero también podemos encontrar fondos de inversión colectiva (hedge funds, fondos de inversión, etc.) y muchas entidades financieras. Los intereses de estos inversores no tienen por qué ser en absoluto coincidentes con los del paÃs que emite la deuda, y de ello hemos obtenido enseñanzas muy recientes con el caso griego.
Por esa misma razón han surgido voces, como la del economista Eric Toussaint (ATTAC-Francia), que sugieren medidas encaminadas a reducir el montante total de la deuda pública a través de, precisamente, la renuncia a pagar partes de la misma.
Una de esas medidas es el inicio de una auditorÃa de la deuda que buscara aquello que podrÃa denominarse “deuda ilegÃtima”, la cual se suspenderÃa (no se pagarÃa). Es una medida ya aplicada en Ecuador, que encontró ilegÃtima el 30% de su deuda. Es evidente que el proceso es, como ocurrió en Ecuador, absolutamente discrecional. No obstante, estarÃa basado en criterios de defensa de la democracia y la soberanÃa nacional. Es una forma de discriminar entre inversores, pudiendo pagar aquella deuda legÃtima (la de los ciudadanos corrientes, por ejemplo) y renunciar a pagar el resto (la de los especuladores, por ejemplo). Hay que recordar que en estos años han ocurrido casos como el de la especulación en deuda pública por parte de los bancos: con los préstamos del Gobierno (destinados a fomentar la circulación de dinero entre bancos y familias y empresas) los bancos compraban tÃtulos de deuda pública para hacer un lucrativo negocio (el Estado les prestaba barato y ellos prestaban al Estado más caro).
A través de la medida anterior serÃa perfectamente posible renunciar a pagar esos tÃtulos, reduciendo de esa forma la deuda total. Toussaint comenta que como ocurrió en Ecuador dicha medida empujarÃa a la baja los precios de los tÃtulos en los mercados secundarios, oportunidad que podrÃa aprovechar también el Estado para comprarlos a precio más bajo y conseguir de esa forma reducciones importantes.
Otra medida serÃa la aplicación de impuestos sobre los tÃtulos de deuda pública, de tal forma que con los ingresos obtenidos se pudiera pagar la deuda.
Y finalmente una tercera, según Eric Toussaint, serÃa la implantación de un alto impuesto a las grandes fortunas que permitiera reembolsar la deuda pública en su totalidad. Que fueran ellas, y no el pueblo en su conjunto, quien financiara el endeudamiento público.
Cualquiera de las tres medidas anteriores tiene como objetivo reducir la carga total de la deuda pública, pero pueden complementarse con medidas de incremento en los ingresos (vÃa impuestos progresivos; y no regresivos como el IVA), persecución radical del fraude fiscal (incrementando asà la recaudación), y el descenso en el gasto público aumentando la eficiencia (de las administraciones públicas: cargos de confianza de ayuntamientos, las dietas concedidas a funcionarios, etc.) y no mediante la privatización o la congelación salarial.
Es decir, existen salidas progresistas y constructivas a la ya llamada crisis de la deuda pública. Sólo es cuestión de tener la voluntad suficiente para llevarlas a cabo.
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