Hablemos más sobre las cajas

Carlos Martínez – Presidente de ATTAC España

En ATTAC planteamos hace unos días, en rueda de prensa celebrada en sede parlamentaria, una iniciativa que pretendía crear debate social, pero también proponer la creación de la Banca Pública a través de unas estructuras ya existentes, las Cajas de Ahorros, muy implantadas, pues controlan más del 50% del negocio bancario, además muy controladas (aunque la burbuja inmobiliaria demostró que no tan bien controladas) por el Banco de España, así como por las Comunidades Autónomas.

Las Cajas tienen ya presencia pública en su estructura interna, tanto por entidades fundadoras, en muchos casos Diputaciones y Ayuntamientos, como mediante consejeros y consejeras que representan a ayuntamientos, diputaciones y Comunidades Autónomas. Igualmente por parte de impositores y trabajadores.

Resulta por tanto más fácil transformar en público algo ya existente y con una abundante red que inventar otras fórmulas. Pero es que, además, proponemos que las entidades no desaparezcan sino se transformen. El tipo de nacionalizaciones que propone ATTAC no es una simple estatización, sino una gestión democráticamente controlada no opaca, además de ética.

Un buen amigo que sabe de cajas mucho más que yo -que por cierto fui consejero de administración de CajaGranada, durante casi ocho años-, me aconsejó que no defendiéramos la presencia de políticos, pues la gente no los quería allí. Puede ser que tenga razón, pero como conozco el interior de las cajas, creo puedo tratar de explicar lo que allí percibí: en primer lugar, las cajas suelen estar dirigidas por equipos profesionales en la mayoría de los casos de entre sus propios empleados, algunas y algunos muy formados, otros muy influyentes, con sus propias redes personales de «contactos» tanto dentro como entre los mandos intermedios, y fuera, entre “clientes preferentes” o con tentáculos y negocios en las comarcas.

La gente de las cajas tiene un gran sentimiento de propiedad de las mismas y, por tanto, creen actuar siempre por el bien de cada caja, por lo que primero que hay que informar es que los llamados “servicios centrales”, donde se radican las direcciones, mandan e influyen mucho.

Lo segundo es que las Cajas no son algo extraño a la marcha de la economía general del país y, por tanto, poseen y asumen todas sus debilidades como el hegemónico peso del ladrillo. Tienen en ellas una grandísima influencia los oligarcas provinciales, que suelen ser constructores y promotores, junto al comercio minorista provincial, pero no es comparable el volumen de negocio de este último. Están pues todas muy afectadas por la quiebra de la burbuja inmobiliaria -todas insisto- pero no más que el Banco de Santander, el BBVA, u otros bancos privados.

El clientelismo político se da, es cierto. Pero los políticos allí presentes no suelen, por desgracia, tener muchas iniciativas, excepto en el control de la Obra Social, y no siempre. La influencia la tienen las direcciones provinciales políticas de los partidos mayoritarios en cada zona de origen de la caja en grandes temas estratégicos, o en asuntos menores pero que favorecen a las clientelas. Así como las oligarquías provincianas, insisto. Esas sí que mandan y tienen a su gente dentro; y además, al tener mucha influencia de todo tipo -incluido control sobre los medios informativos corporativos locales- crean opinión y deciden desde fuera.

Entre los trabajadores suelen tener una fuerte presencia los sindicatos corporativos que, además, las cajas en el tardo-franquismo o en el inicio de la transición, fomentaron y mucho.

Situación de las Cajas. Breve análisis

El problema de las grandísimas dificultades, por ser discreto, de las cajas en estos momentos, es pues general y se debe a la orientación del negocio por parte de directivos y asesores neoliberales, monetaristas y ortodoxos. La dirección política de las cajas ha sido neoliberal, especulativa, y se ha bancarizado tremendamente. Ese es el problema y uno puede entender que la banca privada lo haga, aunque lo critique. Pero en las cajas la doctrina igualmente ha sido neoliberal, y además no han apostado por el nuevo modelo económico o por la industria excepto en contados casos, sino por el ladrillo y el cemento.

Otros clientes preferentes de la cajas son los ayuntamientos y diputaciones, pues desde que se PRIVATIZÓ el Banco de Crédito Local, están abandonados a su suerte y con graves problemas financieros. Estas instituciones se han refugiado en las cajas, como no podía ser de otra manera. Claro, ahora las cajas tienen clientes institucionales con graves problemas de liquidez y también en casi quiebra técnica.

A esto hay que sumarle que la gran banca privada lleva años pretendiendo hacerse con el negocio de las cajas, por lo que seguramente están detrás de la campaña de desprestigio sobre la gestión de las mismas, si bien sus críticas son muy diferentes de las nuestras. En el fondo lo que quieren es penetrarlas y hacerlas desaparecer, o bien controlarlas.

La nueva legislación que pretende aplicarse vía Decreto-Ley, es cierto que deja en manos de las cajas el bancarizarse o no. Pero si de facto ya venían haciéndolo, dada la opción político-económica neoliberal de sus directivos profesionales y también políticos, es seguro que poco a poco -si no se remedia- todas avanzarán por esa senda. Por tanto, el problema de raíz, no está en las Cajas “per se”, está en su orientación ortodoxa y neoclásica. Está en su conservadora y ultraliberal visión de la macro política y en su excesiva dependencia de los poderes conservadores y derechistas provincianos, sea cual sea el supuesto color mayoritario en su Consejo de Administración. En tiempos hubo alguna excepción, sí, pero esto hace unos años se cementó y punto.

El papel de las autonomías ha sido o bien despistado, timorato, y siempre orientado por opciones exclusivamente liberales, o bien tratando de ejercer su dirección política, no para cambiar el nefasto modelo de negocio, sino para controlarlo ellos y afianzar su poder ficticio, pues el real ha estado siempre en los servicios centrales y en la alianza empresarial-conservadora de las fuerzas vivas provincianas (Esto incluye a las provincias más pobladas y supuestamente cosmopolitas).

Conclusiones

Así pues, con una amplia red local, un personal eficiente y conocedor al dedillo de los territorios y gentes que los habitan y con un gran espíritu de empresa, las cajas son un bocado apetecible para los poderes financieros. Por lo que debido a concurrencias y nuevas filosofías de gestión, los despidos masivos están servidos en pocos, muy pocos años.

El hacerlas públicas sería fácil, si se explica bien las y los trabajadores lo apoyarían sin duda, de hecho los sindicatos de clase así comienzan a entenderlo. Las personas, las y los clientes potenciales o impositoras e impositores también. La gente sabe que el culpable de la crisis financiera es la Banca. La Banca es culpable.

La Banca acentuará aún más la crisis, y las medidas tipo FMI de la Unión Europea y de todos sus gobiernos sin excepción terminarán favoreciendo un empobrecimiento generalizado y poniendo en más dificultades aún a Pymes y trabajadoras y trabajadores autónomos. Por eso hoy un sector público bancario resulta imprescindible.

Lo que resulta simbólica y psicológicamente muy clarificador, es que de quien se quiera prescindir en los Consejos de las Cajas sea de los y las políticas democráticamente electos, no porque estos hoy en día sean la garantía de nada, sino porque si pudieran actuar exclusivamente en conciencia y conforme a las necesidades e intereses de sus representados, serían una formula muy correcta de democratización de las cajas, junto a representantes también electos y no por sorteo de los y las impositoras y así como la presencia reforzada de los y las trabajadoras y sus sindicatos.

El apostar por los «expertos», que sin duda los debe haber y cuanto más profesionales mejor, tiene una segunda parte ¿De qué tendencia política y social? ¿De qué escuela económica? Los actuales, o sus posibles sustitutos, son grises, ortodoxos, monetaristas, ultraliberales y además han fracasado estrepitosamente.

Afirmar que la economía y su gestión no tiene color, es una gran mentira, una traición. Si algo tiene color político, pues influye sobre todo lo demás, es la gestión económica.

Así pues, la iniciativa de ATTAC debiera ser escuchada y pedir consejo al, valga la redundancia, Consejo Científico de ATTAC y/o a otros y otras economistas de izquierdas, o al menos comprometidos con las personas y no sólo a los que lo están cobrando de los servicios de estudio de las bancas privadas o las empresas de asesoramiento liberal y monetarista, todos ellos y ellas neoliberales.

Desde ATTAC exigimos ser escuchados, pero para ello, le pedimos a la ciudadanía que reaccione.




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